Las comunidades energéticas están entrando en una nueva etapa. Tras varios años de crecimiento, proyectos piloto y primeras experiencias de autoconsumo colectivo, el reto ya no es solo seguir creando nuevas iniciativas, sino conseguir que puedan ampliar sus actividades y convertirse en verdaderos actores del sistema energético.

Desde olivoENERGY asistimos a la III Cumbre de Comunidades Energéticas, celebrada el pasado 30 de septiembre en Sevilla y organizada por UNEF en colaboración con la Agencia Andaluza de la Energía. Un encuentro que permitió conocer experiencias, compartir aprendizajes y debatir sobre las barreras que todavía condicionan el desarrollo de estos modelos en España.

La transición energética está cambiando no solo la forma en la que producimos energía, sino también quién puede participar en ella.

Durante décadas, el sistema energético se ha basado principalmente en grandes centros de generación alejados de los puntos de consumo. El crecimiento de las energías renovables, el autoconsumo, el almacenamiento, la gestión de la demanda y la electrificación está dando paso progresivamente a un modelo más distribuido. Y, dentro de ese proceso, las comunidades energéticas están llamadas a desempeñar un papel especialmente relevante.

A continuación, recogemos algunas de las principales conclusiones de la jornada

De la generación centralizada a la energía compartida

Las comunidades energéticas representan una forma distinta de relacionarse con la energía. Permiten que ciudadanos, pymes, administraciones y otras entidades puedan participar colectivamente en proyectos vinculados a la producción, consumo, almacenamiento o gestión de energía renovable.

Su valor, por tanto, no se limita al ahorro energético. Pueden generar beneficios económicos, sociales y medioambientales, acercar la producción al consumo y conseguir que la ciudadanía tenga un papel más activo en una transformación que tradicionalmente se ha producido lejos del consumidor final.

El propio Observatorio de Comunidades Energéticas de ECODES señala su potencial para avanzar hacia un modelo energético “más descentralizado, renovable y democrático”, al tiempo que generan nuevas formas de participación ciudadana, gobernanza compartida y corresponsabilidad territorial. Y los datos muestran que el modelo continúa creciendo.

El Observatorio de Comunidades Energéticas 2025 de ECODES identificó 837 comunidades energéticas formalmente constituidas en España. Cataluña lidera en número de iniciativas, seguida de Comunitat Valenciana, País Vasco, Galicia y Navarra. Andalucía cuenta con 46 comunidades energéticas identificadas.

Sin embargo, el recorrido potencial es mucho mayor. Existen numerosos autoconsumos colectivos, iniciativas ciudadanas y proyectos todavía en fases iniciales que podrían evolucionar hacia comunidades energéticas capaces de desarrollar más actividades que la mera generación compartida.

El principal reto es que las comunidades energéticas sean mucho más que autoconsumo

Actualmente, el autoconsumo fotovoltaico sigue siendo, con diferencia, la actividad predominante. Según ECODES, entre las comunidades analizadas existen 442 proyectos de autoconsumo en estudio y 384 ya en proceso u operativos. Tras ellos aparecen actividades relacionadas con movilidad sostenible, almacenamiento y gestión de la demanda, rehabilitación energética y soluciones térmicas.

Este dato refleja uno de los principales retos debatidos durante la Cumbre: conseguir que las comunidades energéticas no terminen convirtiéndose únicamente en una estructura jurídica para desarrollar un autoconsumo colectivo. Su potencial es mucho mayor. Una comunidad energética puede convertirse en un dinamizador energético local, promoviendo proyectos de rehabilitación de edificios, almacenamiento compartido, movilidad eléctrica, electrificación de consumos, gestión de la demanda o actuaciones relacionadas con los Certificados de Ahorro Energético.

Para conseguirlo será fundamental que puedan participar de una manera más activa en el sistema energético y contar con modelos de gobernanza que permitan incorporar nuevas actividades a medida que las comunidades maduran.

Comunidades energéticas locales y el papel de las administraciones 

El informe de ECODES muestra que las comunidades energéticas siguen siendo, en su mayoría, iniciativas pequeñas y de ámbito local: el 39,1 % tiene menos de 20 socios, otro 31,7 % cuenta con entre 21 y 50, y solo una pequeña parte supera los 200 miembros. El movimiento mantiene, además, un marcado componente rural: el 65,5 % se encuentra en entornos rurales, frente al 22,5 % en entornos urbanos, el 7,5 % vinculado a barrios y el 4,4 % en ámbitos industriales.

El crecimiento en las ciudades puede ofrecer oportunidades especialmente interesantes. Las comunidades energéticas urbanas pueden llegar a un número elevado de consumidores e integrar a hogares vulnerables que, en muchos casos, no pueden desarrollar autoconsumo individual. Por ello, pueden convertirse en una herramienta para combatir la pobreza energética. Según ECODES, el 70,7 % de las comunidades energéticas aborda o prevé abordar algún aspecto social, y la pobreza energética es la cuestión más mencionada, presente en el 51 % de ellas. Algunas comunidades ya incorporan mecanismos para destinar parte de la energía producida o de los beneficios del proyecto a hogares vulnerables.

Los ayuntamientos pueden desempeñar un papel importante para acelerar estos proyectos.. Su participación aporta confianza a la ciudadanía y pueden disponer de cubiertas, edificios y otros espacios públicos adecuados para instalaciones renovables. Durante la Cumbre se destacó que las iniciativas impulsadas o acompañadas por administraciones locales pueden avanzar con mayor facilidad, aunque siguen existiendo barreras importantes relacionadas con la cesión de espacios, la contratación y los procedimientos administrativos. Algunas iniciativas autonómicas están desarrollando mecanismos para simplificar estos procesos y mejorar la coordinación entre administraciones, comunidades energéticas y distribuidoras.

No obstante, disponer de un espacio para instalar placas solares debe ir acompañado de confianza y de una participación ciudadana efectiva. Una comunidad energética necesita explicar con claridad qué aporta a los ciudadanos, qué responsabilidades implica y cómo puede mejorar su entorno. La divulgación debe ir más allá de las jornadas técnicas y llegar a las personas en sus espacios cotidianos. Mercados, asociaciones vecinales, actividades culturales, comercios y eventos locales pueden ser lugares más efectivos para explicar un concepto energético que todavía resulta desconocido para buena parte de la población.

Regulación datos y acompañamiento para impulsar el crecimiento

Durante la Cumbre se repitieron tres necesidades: un marco normativo estable, divulgación y acompañamiento, y herramientas que simplifiquen la gestión. Los proyectos necesitan reglas claras y previsibles que definan sus actividades, derechos y obligaciones. Junto al conocimiento técnico, también requieren dinamización social, participación ciudadana y una gobernanza sólida. Contar con herramientas sencillas para la gestión administrativa, energética y económica resulta igualmente importante, ya que muchas iniciativas se ralentizan por la combinación de retrasos administrativos, técnicos, jurídicos y de toma de decisiones.

En 2026 se han producido cambios regulatorios relevantes. El Real Decreto-ley 7/2026 ha introducido medidas que pueden favorecer el autoconsumo colectivo y las comunidades energéticas, entre ellas la ampliación hasta 5 kilómetros de la distancia máxima entre generación y consumo para determinados modelos de autoconsumo colectivo, la creación de la figura del gestor de autoconsumo y nuevas herramientas para que las entidades locales impulsen estos proyectos. Al ampliar el territorio sobre el que puede desarrollarse un proyecto energético compartido, estos cambios abren posibilidades interesantes para barrios, municipios y polígonos industriales. Sin embargo, sigue pendiente un desarrollo regulatorio específico que clarifique el funcionamiento de las comunidades energéticas en España. Durante la III Cumbre, representantes del Ministerio para la Transición Ecológica indicaron que el trabajo regulatorio continúa avanzando, sin concretar una fecha de publicación.

El acceso a los datos sigue siendo otra barrera fundamental. Una comunidad energética que quiera optimizar generación, consumo, almacenamiento o flexibilidad necesita información precisa sobre el consumo de sus miembros, pero el acceso agregado y sencillo a los datos de los contadores continúa siendo una dificultad. Durante la Cumbre se reclamó mejorar este acceso y se señalaron las limitaciones actuales de herramientas como Datadis. Resolver esta cuestión será especialmente importante para que las comunidades puedan evolucionar hacia la gestión activa de la demanda, el almacenamiento compartido o la prestación de servicios al sistema eléctrico.

Las comunidades energéticas también se enfrentan a retrasos relacionados con las distribuidoras, procesos administrativos que pueden durar meses y dificultades para financiar la inversión inicial. Estos obstáculos tienen una consecuencia menos visible: desgastan a las personas que impulsan los proyectos. Muchas comunidades nacen gracias al esfuerzo de pequeños grupos de ciudadanos, asociaciones o técnicos que dedican tiempo y recursos voluntariamente. Cuando la creación de una entidad, la cesión de una cubierta o la conexión de una instalación se demora durante meses, mantener la motivación del grupo resulta mucho más complicado. Por ello, reducir los tiempos administrativos también es una forma de proteger la participación ciudadana que sostiene estos proyectos.

De consumidores a participantes del sistema energético

Quizá la mayor aportación de las comunidades energéticas sea precisamente esa. Transforman la relación de las personas con la energía. El ciudadano deja de ser únicamente el receptor de una factura para poder participar en decisiones relacionadas con cómo se genera, comparte, almacena o utiliza la energía de su entorno. Por eso, su futuro no debería limitarse exclusivamente al autoconsumo.

Si cuentan con un marco estable, acceso a información, financiación, herramientas adecuadas y una gobernanza sólida, pueden convertirse en actores capaces de impulsar rehabilitación energética, almacenamiento, movilidad sostenible, gestión de demanda y soluciones frente a la pobreza energética.

Spain already has 837 energy communities, but only 10.3% of municipalities currently have one, according to ECODES. There is therefore substantial room for growth. Regulation is progressing. The number of projects is increasing. Public authorities are beginning to develop support tools, and there are more and more practical experiences to learn from. The challenge now is to move from creating energy communities to enabling them to fulfil their potential.

Las comunidades energéticas cuentan con un importante margen de crecimiento en España, pero el siguiente paso será conseguir que evolucionen más allá del autoconsumo y puedan incorporar progresivamente almacenamiento, gestión de la demanda, movilidad, rehabilitación energética y otros servicios. Para ello serán fundamentales un marco regulatorio claro, una gestión más sencilla, acceso a los datos, financiación y modelos de gobernanza capaces de acompañar su crecimiento.

Desde olivoENERGY, seguimos de cerca esta evolución y trabajamos para acompañar a comunidades energéticas y otros actores del sector en el desarrollo de modelos que permitan aprovechar todo su potencial dentro de un sistema energético cada vez más distribuido, flexible y participativo.

El momento es ahora.

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